|
BOVARISMO |
|
|
"...enfermedad textualmente transmisible".
Daniel Pennac - "Como una Novela"
Por Marcelo Scalona
El
Bovarismo es una de esas enfermedades que (curiosamente), debería
propagarse para fortalecer al hombre y salvaguardar la especie. Es más, sólo si sucede una pandemia universal de bovarismo,
el hombre del futuro podrá sobrevivir a las máquinas, las corporaciones
y el discurso unilateral del poder nuclear.
Sonará
extraño, pero es así; el cuerpo necesita algunas enfermedades para
fortalecerse, y está probado que una de las que más restaura el ánimo y
la inteligencia, es el bovarismo. Luego
están los amores imposibles, pandemia más antigua de la humanidad,
incurable y devastadora, auténtico motor de todas las luchas. Un beso
furtivo es el terror de cualquier leucocito o linfoma, pero de eso
hablamos a menudo, o mejor dicho, no hay instante en que no palpitemos su
virus omnipresente: sangre,
saliva, leche, sudor y lágrimas. Nada fortalece más al hombre que la búsqueda
del ausente enamorado. Pero
hoy hablemos del bovarismo. Es una enfermedad evolutiva, empieza con un
simple "mi mamá me mima" a los cinco años, de mano de la señorita
Yolanda o la Salita Azul; luego sigue con Caperucita y el Lobo, Harry
Potter, Sandokán, El Señor de los Anillos y Las Mil y una noches. Ya en la adolescencia, un hermano mayor que tuvo todas las
enfermedades, como al descuido, igual que si dejara un condón, te deja en
la mesita de luz el "Bestiario" de Cortázar y te hace un
seropositivo para toda la vida.
El bovarismo es una enfermedad incurable, crónica, sintomática y
con recidivas diarias, sobre todo a la hora del ocaso.
Por ejemplo, no hace falta haber hecho un cuatrimestre en Medicina
para saber que, "Los Heraldos Negros", un domingo a la tarde, le
bajarían las defensas al mismísimo Charles Atlas.
El
nombre o bautizo de la patología es en honor al personaje de Gustave
Flaubert (Madame "Emma" Bovary), pero el primer descubridor del
virus fue Miguel de Cervantes
Saavedra, ya que el primer caso clínico que registra la ciencia, es
precisamente "Don Quijote".
Ese es el padre de la enfermedad; el ingenioso hidalgo fue el
primero en contraer el terrible mal del bovarismo. ¿En qué
consiste? Es una compulsión frenética por la lectura de libros de ficción,
que provoca en el lector (y desde el mismo momento de la lectura) una
confusión mental y anímica que lo lleva a creerse dentro de la fantasía,
de modo de abstraerse peligrosamente de la realidad, intentando al mismo
tiempo, mediante una operación alucinatoria, delirante e inútil, tratar
de participar en "la mentira" que lee, y modificar "la
verdad o realidad" en que vive.
Es terrible... se produce una alteración de las defensas,
pulsaciones aceleradas, sudores fríos, un frenesí de dicha solamente
comparable a la plenitud física. Pero no es virtual como la Internet, sino que aquí se
produce realmente una simbiosis "realidad‑fantasía", que
provoca cambios inmediatos en los enfermos. Por ejemplo, por algunas
novelas de amor con final feliz, se han descripto casos de entusiasmo
adrenalino‑sinérgicos sólo
comparados al triunfo de la heroína. ‑¿Qué
heroína? ‑No
se sabe bien... puede ser la de la novela (por caso, Madame Bovary) o la
inyectable, ese es el peligro de esta enfermedad. Se asimila a muchas
cosas que parecen la dicha. Digamos
que la fantasía de lo que se lee, comienza a teñir la realidad del
lector y a ocuparla, como el delirio de la fiebre se va quedando con todas
las palabras del enfermo. Al
Quijote lo trastornaron las novelas de caballeros y su pena de amor por
Dulcinea. El hidalgo manchego tuvo las dos enfermedades juntas, por eso ha
conseguido hacerse un clásico, quizá el mayor: hay quien dice que con él
nació la novela moderna, europea, burguesa; o la novela, a secas. Emma Bovary es otro prototipo para el
microscopio. Devoradora de
novelas románticas, enamorada, enamoradiza de personajes reales,
inventados o invisibles, llegó a ese estadio grave de la enfermedad en
que el paciente (lector), no halla el lugar y el tiempo donde vivir. Se
trata de un estado de desarraigo existencial tan profundo, irremediable a
veces, que el enfermo no sabe dónde vivir o cómo continuar:
es obvio que no consigue entrar en la ficción, pero tampoco puede
vivir en la realidad. ¡Qué
joda...! ¿No? Se trata de la mayor insatisfacción conocida, un estado de
continuos suspiros melancólicos por aspirar a una plenitud apenas
percibida, pero desde una situación de vacío. Como si uno hubiera vivido
primero en el cielo, y después, lo quieren acostumbrar a la tierra. Lo
dice mejor Aguirre en el poema (*). Con los
días, el desasosiego o asedio del imposible se va transformando en unos
espasmos del espíritu... los médicos más
simplistas no ven más que variantes de la locura, riesgos de
suicidio y te derivan al Dr. Prozac. Algunos incluso, recomiendan a los
padres del enfermo quemarle la biblioteca; o bien, administrarle las
dosis, y entre dos cuentos de Richard Yates ‑dicen‑, obligarlo
a leer una revista de "Mecánica Popular", o ver un rato la
tele. Por ejemplo, "Operación Triunfo" funcionaría como una
especie de electroshock que saque a Emma de ese estado idiota de estar
todo el día mirando al horizonte. ¿Nunca
probaste a las tres de la mañana, desvelado por el amor imposible de
"Seda" (**), ponerte a leer cómo se limpian y lubrican las
escopetas? Es mejor el Prozac. La
infección es imparable, mi hermano Oscar, en una fase terminal llegó a
ponerle a su boutique de prendas femeninas, "Madame Bovary". ¡Qué
hermoso cuando uno puede cruzar, rozar aunque más no sea esa fantasía...!
Diga lo
que diga la ciencia, hasta en Rosario, cada dos cuadras hay una librería
de viejo. Los bovaristas no
vamos a parar hasta ver toda la Peatonal Córdoba convertida en un solo
"Pez Volador". Es
que los corazones suspiran... sí... no se lo preguntes a un Cardiólogo,
obvio, pero el corazón suspira, hace espasmos conjeturando un infinito de
belleza presentida que lo acecha en alguna parte... quizá nos pasó de
largo en la página 104... ‑‑
Belleza... ojalá reaparezcas en la 229... mi corazón suspira por vos...
y al final del libro ( 500 páginas con todas las peripecias que haré
para liberarte de un padre cruel, una vida de miseria y un novio proxeneta), suspiraremos
juntos. Y seremos felices. (*) "Varillas de mi jardín", Raúl G.
Aguirre. (**) SEDA, novela de Alessandro Baricco. www.scalonamarcelo.com.ar
|
|
|
|
|
|
|
|